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Rafa Nadal ejerce de diez veces campeón y nº 1 en la reanudación del partido con Diego Schwartzman, clasificándose paras sus undécimas semifinales en París

Del cielo nublado y la lluvia torrencial del miércoles al día limpio y soleado del jueves en París. De un Rafa Nadal apagado la víspera a un jugador brillando como el diez veces campeón de Roland Garros y número uno mundial que es.

Reacción absoluta de Rafa Nadal para disputar, a sus 32 años, sus undécimas semifinales en Roland Garros, vigésimo séptima de Grand Slam, venciendo al argentino Diego Schwartzman, 25 años y nº 12 mundial, por 4-6, 6-3, 6-2 y 6-2 en 3h.42’. Hora y 42 minutos de segunda parte.

Se enfrentará este viernes (no antes de las 15.30 horas) al argentino Juan Martín del Potro, que lloró emocionado al volver a una penúltima ronda de Roland Garros nueve año después. Venció por 7-6 (7-5), 5-7, 6-3 y 7-5 a Marin Cilic.

Atrás quedaron las penurias antes de la suspensión del encuentro por lluvia después de dos horas de encuentro, con una primera interrupción por medio, con resultado 4-6, 5-3 y 30-15 saque Nadal. Ninguna venda en las muñecas, dudas disipadas, juego agresivo y convicción máxima. El verdadero Rafa en acción, y enseguida lo enseñó en la central.

Reanudación de dominio contundente. Dos puntos, el primero subiendo ya a la red para presionar, y set 6-3. Rápidamente ‘break’ arriba. En ocho minutos sólo un punto para el ‘Peque’ Schwartzman (1,70 m. de estatura). Nadal, que había entregado cinco veces su saque el día anterior, sumó diez puntos de una tacada con el servicio.

Una historia diferente en condiciones distintas. Porque con la pista mojada, su bola no brinca hacia arriba. Pero también debido a que Nadal salió con otra actitud al Estadio Philippe Chatrier. Enseñó galones al siempre incombustible Schwartzman, un incordio para cualquiera.

Así lo demostró en el último ‘game’ de la tercera manga, en la que Nadal necesitó casi un cuarto de hora, levantando cuatro bolas de rotura, para sellarla. También remontando un punto de ‘match’ con 5-1 y dos más con 5-2 y saque de un Rafa que respiró aliviado tras haber roído el duro hueso.

El manacorí puso a público en pie con puntos espectaculares, especialmente uno en que defendió ataques rivales devolviendo bolas a las líneas desde posiciones complicadas, hasta que halló el camino del contragolpe. Su grupo técnico también se levantó de sus asientos, conscientes de lo mal que lo pasó su pupilo y amigo el día anterior, de que necesitaba ser arropado al máximo.

Liberación total de Nadal y su guardia pretoriana. En el anecdotario quedará que se entregó un set tres años después, que su racha triunfal de mangas se detuvo en 37. Así como que solicitó que vendaran sus muñecas tras ceder ese parcial.

Nadal cambió como la meteorología de la capital francesa. Radicalmente. Y si tiene el día, Schwartzman mengua por muchas piernas, talento y corazón que le ponga a cada acción. No en vano, sexta victoria del español sobre el suramericano, tercera de esta temporada. Aunque, de nuevo con Rafa debiendo trabajar a destajo.

“Será una batalla”, había anticipado el técnico Carlos Moyà. No se equivocó en el pronóstico, por mucho que no hubiera imaginado un Nadal tan desorientado, la versión del miércoles, y sí un campeón desatado. La versión de este jueves, la más común en la trayectoria del balear.

Y que deberá mantener porque, sin descanso, este viernes afrontará a un ‘pegador’ de entidad, Juan Martín del Potro.

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